Cómo mirar un cuadro ( parte 2)

Extracto de la Nota del Blog de Guillermo Martí Ceballos, artista pintor admirador del fauvismo y del expresionismo alemán. Observaciones sobre el arte y la estética actual.

On 24 Abr, 2012 / By Martí Ceballos

 

LA TÉCNICA

La técnica será la que cada artista elija según se adapte mejor a su estilo y forma de trabajar, pero no debe influir sobre la valoración de la obra. La mayoría de los “entendidos” consideran que la pintura al óleo es la reina de los pigmentos, sin embargo creo que cada una de ellas (acuarela, gouache, acrílico, pastel, etc.,) puede ser tan valiosa como cualquier otra si se usa conociendo sus características, posibilidades, ventajas y defectos y por supuesto realizando con el medio utilizado una obra con oficio, bella y que nos transmita una emoción.



Edgar Degas (1834 – 1917)
Como podéis apreciar en la técnica al pastel Degas nos demuestra que cualquier medio empleado es tan valioso como los demás en las manos de un maestro

EL ESTILO

El estilo (“El asunto del estilo”) es un elemento muy importante para aprender a ver y valorar una obra de arte. Hay que tener bien en cuenta que según sea de uno u otro estilo deberá diferenciarse y observarse con diferentes criterios, es decir, cada estilo visualizarlo dentro de su contexto, pero obviamente siempre que dicha obra esté dentro de los cánones de la estética, el buen oficio y del buen gusto. Me voy a referir algunos de los estilos más comunes:

 Si el artista quiere expresarse en un estilo realista debe saber realizar un dibujo y un colorido más acorde con la realidad, de manera suelta, sin efectismos banales, y sobre todo buscando la naturalidad del modelo, una sabia elección del motivo, un colorido bien armonizado y una bella distribución de los elementos que componen el cuadro. Un artista que se exprese de forma realista no puede prescindir de un buen dibujo que se ajuste a las proporciones y la perspectiva reales; una manera de ver si el artista es un buen dibujante es fijarse en las manos, en el caso de las figuras, ya que esta parte de la anatomía tiene una dificultad añadida para plasmarlas con elegancia y realismo; también es muy importante en cuanto a su colorido que la atmósfera general del cuadro tenga una buena uniformidad en su conjunto. Resumiendo, en el estilo realista, como en todos los demás estilos, presupuesto un buen conocimiento del oficio, lo más importante es evitar los errores del mal gusto, es imprescindible no caer en la cursilería del tema y en definitiva en las “faltas de Arte” que hacía alusión Gauguin.


Gustave Courbet (1819- 1877)
Mujer en las olas
Gran exponente de la pintura realista. Su naturalismo combativo es patente en sus desnudos femeninos, donde evita las texturas nacaradas e irreales tomadas de la escultura neoclásica.

Jean-François Millet 1814-1875
La siesta
Perteneciente al realismo y naturalismo francés destaca por sus escenas rurales, donde quiere expresar la inocencia del hombre campesino en contraposición a la degradación que acompaña al ciudadano inmerso en la sociedad industrial. Fué uno de los artistas más admirados por Van Gogh

Si el artista se decanta más por un estilo impresionista, deberá continuar siendo fiel al modelo en cuanto a proporciones y perspectiva, pero podrá tener ciertas libertades de ejecución, tales como una simplificación de las formas, fragmentación de la pincelada y un colorido más vibrante y arbitrario, pero ciñéndose a los efectos que produce la naturaleza. El espectador tendrá que tener en cuenta estás libertades, pero deberá observar con exigencia una buena ejecución, seguridad y armonía en la tonalidad general. Muy importante resulta en este estilo de pintura la observación de una luz uniforme, una tonalidad general que impregne toda la obra de manera que todo esté “bañado” por la luz ambiental al igual que la que produce la propia naturaleza. Por ejemplo, un paisaje al atardecer debería estar salpicado en todos sus elementos por los colores anaranjados o rosáceos que tenga el cielo; en muchas ocasiones, un cuadro mediocre pintado en este estilo carece de estos matices produciendo una escena lumínicamente irreal en cuanto a la naturaleza se refiere ya que ésta lo “baña” siempre todo con una luz que armoniza su propia creación. Claude Monet expresa es este sentido esta fugacidad del instante: “Mi fuerza es la de saber pararme a tiempo. Ningún pintor puede trabajar más de media hora al aire libre el mismo tema si quiere ser fiel a la naturaleza. Cuando el tema cambia, hay que pararse.”


Monet 1840-1926
Uno de los máximos exponentes de la pintura impresionista , plasmó , “a plein air” los efectos y los cambios de la luz sobre los objetos, consiguiendo grandes armonías y variadas vibraciones lumínicas.

En cuanto a los diversos estilos de las primeras vanguardias del siglo XX, en especial el fauvismo, el expresionismo y el cubismo (el surrealismo y el arte abstracto lo trataré más abajo) se caracterizan por un distanciamiento del color real del modelo (color local), y una intención premeditada de alterar las formas de la naturaleza distorsionándolas o deformándolas para conseguir una expresividad y una síntesis mucho más enérgica, en definitiva, el artista tiene libertad para crear, partiendo muchas veces de la realidad, según sus propias sensaciones y emociones; ya no está sujeto a la perspectiva, a las formas reales ni a los colores de la naturaleza.

Una vez entendido este planteamiento, es evidente que el espectador debe juzgar estas obras con un punto de vista mucho más distanciado de los cánones académicos, si no lo hace así la obra se juzgaría con toda seguridad como incorrecta. Pero esto no quiere decir que se juzgue a la ligera y de manera arbitraria, en dicha obra entran en juego también los elementos de composición, dibujo y color como en las obras realistas, únicamente hay que analizarlos en un contexto diferente. La composición debe igualmente ser equilibrada y su “balanza” impecable; el dibujo puede permitirse libertades y no ser “correcto” académicamente hablando, pero debe tener mayor fuerza, rotundidad y una simplificación extra que supla esta “falta” de descripción del objeto otorgándole una mayor expresividad. En cuanto al color, este tipo de obras, deberán ser observadas como un mosaico de bellos colores, armonías luminosas y vibrantes que nos llegan al alma como bellas notas musicales, y esto no es tarea fácil; por otra parte se simplifica en cierta manera la observación ya que no existe la “distracción” del dibujo realista que nos puede hacer exclamar: ¡Qué bien hecho está, es igual que la realidad! Cuantas veces he escuchado esta frase que parece ser tiene muchos adeptos. No, rotundamente no, aquí no se trata de imitar la realidad, sino de transmitirnos con bellas armonías y formas las imágenes que el artista ha tamizado en su interior para mostrárnoslas en su forma más pura, esencial y expresiva. En casi todas estas obras, expresionistas pero también figurativas, los objetos y motivos siguen siendo reconocibles, es ese “crear un elemento nuevo partiendo de la naturaleza”, pero como siempre en toda obra que se precie se deben evitar los errores del mal gusto y las ya mencionadas “faltas de Arte”.

Matisse, 
La raya verde (1905) – Derain, El puente Weistminster (1906) 


Dos ejemplos claros del fauvismo, la exaltación del color a partir de las sensaciones interiores que provoca la propia naturaleza.

Jawlensky, Shokko (1910) – Kirchtner, Escena en Berlín (1913) 
Dos representantes del expresionismo ruso y alemán. Al igual que los fauvistas franceses el color y la línea contundente son utilizados para transmitir una visión interior del exterior de manera expresiva y profunda.

Picasso, Mujer con abanico (1910) 
Una nueva manera de esquematizar la realidad, la forma simplificada y geométrica, la perspectiva alterada con puntos de vista simultáneos, otra manera de estimular la imaginación del espectador.

Desde otro punto de vista debemos valorar el surrealismo que yo definiría como una transfiguración del arte realista elevado a un nivel onírico, diría que casi metafísico en el que el subconsciente y la imaginación descriptiva juegan un papel primordial; no obstante es un movimiento absolutamente contrario al realismo en su concepto, pero como en este se debe dominar el dibujo, la perspectiva y la composición; por tanto para apreciar y valorar un cuadro surrealista debemos fijarnos en la belleza de la línea, el color bien armonizado y en concordancia con lo que se relata y una composición que nos sorprenda en igual medida que la historia que se cuenta; y aquí sí que la descripción de la historia, del pensamiento del artista es importante plasmarlo con un acertado simbolismo que nos intrigue, que nos haga pensar y entrar en el mundo onírico que el artista ha pretendido. No basta con pintar objetos dispares y absurdos y colocarlos sin tener una relación con lo que se quiere contar; el pintor surrealista podríamos decir que es un pensador, un relatador de sueños y por tanto las historias debe hacerlas “creíbles”, imaginativas y que nos transporten a un lugar en el que las participan imágenes ambiguas y – según palabras de Breton – “donde los elementos más dispares se revelan unidos por relaciones secretas” ; pero no debéis aceptar cualquier invención sin coherencia y mucho menos si su representación no está pictóricamente bien realizada; he visto muchos cuadros surrealistas de un mal gusto que dañan la vista. Imaginación y armonía deben ir de la mano. Observad pues estos cuadros como se valora una pintura realista en cuanto a la parte técnica se refiere, pero teniendo en cuenta al juzgarlo, y esta es la gran diferencia, la dosis de imaginación que la narración pictórica nos aporta.

René Magritte, (1898 – 1967)
El placer (1927)
Óleo sobre lienzo, 97×74 cm
Con un surrealismo totalmente nuevo, Magritte, se aparta de los sueños y del psicoanálisis. Para este artista “…lo real es el medio privilegiado para convertir lo convencional en enigma, y por tanto par revelar hasta donde sea posible el misterio allí contenido”

Salvador Dalí (1904 – 1989) 
Virgen sodomizada, 1954
Una visión del arte al servicio del subconsciente
La ejecución daliniana es impecable, el color sin estridencias, la inventiva compositiva y descriptiva nos atrae hacia el pensamiento más íntimo del artista  ¿Qué nos habrán querido transmitir? Ese interés  intenso en descubrir que obsesiona al espectador es lo que diferencia  a un buen artista surrealista.

El arte abstracto, del que ya he tratado en “¿Arte abstracto o figuración?” escapa ya a toda forma figurativa reconocible, con lo que la “distracción del dibujo” queda fuera de lugar. Es necesario observar la obra desde una perspectiva mucho más intuitiva, quizás más espiritual, olvidando todo aprendizaje adquirido. Únicamente en las buenas armonías y distribución de las formas y líneas podemos apreciar la obra y valorarla. No hay ninguna norma muy diferenciada respecto a las otros estilos (fauvismo, expresionismo, cubismo) para saber apreciarla, simplemente nos gusta o no, como la música o como si de un estampado se tratase, pero no por ello debemos menospreciarla y rebajarla al grado de pintura decorativa; en mi opinión en cualquier estilo se puede al mismo tiempo realizar una buena obra de arte y ser al mismo tiempo una obra decorativa. Yo particularmente aprecio las obras abstractas en las que se percibe que en la distribución de las formas, colores y líneas hay un orden razonado en el que se aprecia una coherencia, un ritmo que el artista ha tenido que meditar, todo ello en combinación con la intuición y el buen gusto nos da la talla del artista; yo desconfío de esos cuadros “gestuales” en los que todo es caótico, en los que no se encuentra ningún orden ni coherencia y todo parece fruto del azar. Creo que el problema del arte abstracto radica en que al no necesitar del dibujo, oficio que debe aprenderse para cualquier otro estilo, ha habido una avalancha de “artistas” que han creído tener un talento innato iniciándose en este arte sin haber subido los peldaños previos y necesarios para llegar hasta el verdadero conocimiento del oficio de la pintura; nada se aprende sin esfuerzo y dedicación. No debemos despreciar a los verdaderos artistas abstractos sino diferenciarlos bien de los que se aprovechan de la confusión que sufren muchos aficionados por culpa de toda la falsa “literatura” y verborrea engañosa existente en el arte.

Kandinsky ( 1908), Montaña azul
El motivo casi ha desaparecido en su búsqueda de lo espiritual a través del color. Como se puede apreciar la belleza de las formas y colores son evidentes. Kandinsky está a punto de lograr tras un proceso meditado la supresión total de toda forma reconocible.
Robert Delaunay (1885- 1941) 
Prisma eléctrico, 1914
El motivo ya ha desaparecido totalmente, sin embargo se puede apreciar claramente una elaborada organización de las formas y los colores creando unos bellos ritmos musicales que nos evidencian el talento del artista. Nada que ver con la abstracción vulgar y caótica que podemos apreciar desgraciadamente en muchas obras abstractas.

Obviamente existen muchos otros estilos y movimientos que derivan de los que he mencionado; el arte es ilimitado, de ahí radica su sorprendente atracción; nunca se acabarán los nuevos creadores que nos deleitan con su propia “caligrafía”, ya que no hay un artista de talento igual al otro. Quizás lo que se me escapa a todo razonamiento artístico y por tanto ni siquiera menciono en este escrito como tema a valorar, es este “arte” tan en boga, tan protegido en la actualidad y desde hace ya más de medio siglo, que yo defino como “ocurrencias vanguardistoconceptuales”. Sobre este asunto, yo mismo y los amigos “Hartistas” ya hemos derrochado mucha tinta. Solo un último consejo: no os dejéis embaucar por la falsa charlatanería de esos “pseudocríticos” especuladores que pretenden injuriar al Arte con semejantes engaños. Fiaos simplemente de vuestro infalible sentido común ya que de esta manera podréis desenmascaralos.

 

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